El Foro de Crecimiento Verde y Desarrollo Sostenible (GGSD) de la OCDE, celebrado en París los días 1 y 2 de julio de 2026, reunió a cerca de un centenar de participantes bajo el lema «La economía de la adaptación climática: invertir en un futuro resiliente». El encuentro congregó a representantes de gobiernos, investigadores, sociedad civil y empresas para explorar cómo la adaptación climática puede pasar de ser percibida como un coste a convertirse en una parte integral de las políticas económicas y de inversión. Paradójicamente, el evento tuvo lugar en plena ola de calor extremo en Francia, lo que dio aún más impulso y relevancia a los debates.

A lo largo de seis sesiones temáticas y participativas, el Foro analizó cómo la inversión en adaptación puede generar beneficios socioeconómicos más allá de evitar las pérdidas derivadas del cambio climático, cómo integrar la resiliencia climática en la toma de decisiones públicas y privadas y en los distintos sectores económicos, y qué papel pueden desempeñar las empresas y las soluciones basadas en la naturaleza. Las implicaciones de la adaptación para el empleo también formaron parte del debate. El Foro se enmarcó en el trabajo más amplio de la OCDE sobre el fortalecimiento de la resiliencia climática, económica y social, reforzando la idea de que la adaptación no puede abordarse como una política ambiental aislada.

Esto conecta estrechamente con nuestro trabajo reciente en eco-union sobre el Green Economy Tracker, desarrollado conjuntamente con la Green Economy Coalition e IIED Europe. El Tracker evalúa 21 políticas clave en 50 países, abarcando gobernanza, finanzas, sectores económicos, transición justa y naturaleza. Va más allá de los objetivos climáticos y analiza si existe realmente la arquitectura política más amplia necesaria para avanzar hacia una economía verde y justa.

Una de las principales conclusiones del Foro de la OCDE es que la transición verde debe conectar cada vez más mitigación, adaptación y transformación económica, buscando beneficios conjuntos y evitando la maladaptación. Construir resiliencia climática implica no solo financiar infraestructuras, sino también integrar los riesgos climáticos en la planificación económica, las inversiones y las políticas sectoriales, garantizando al mismo tiempo que la transición refuerce la inclusión social, el empleo y los ecosistemas naturales. Esto es especialmente relevante para los países europeos y mediterráneos, donde los impactos climáticos ya están poniendo a prueba la resiliencia de los territorios, las comunidades y sectores económicos clave.